Tuesday, January 11, 2005

 

11

Estuve sentado pacíficamente en la cafetería del instituto sin hacer nada hasta que sonó el timbre. Subí a clase, recogí mis cosas y me largué. Estaba aburridísimo , y para aburrirme prefería hacerlo en casa. Allí al menos estaría tranquilo, sin tener que soportar el bullicio del centro, pues mi casa, mi pequeño refugio, probablemente sea el lugar más grato y tranquilo del mundo, ideal para el recogimiento y el descanso. Pero antes haría algo, había prioridades: asistir a una tutoría individual con mi apreciada fräulein, algo privado e informal, en su domicilio.

Justo a aquella hora terminaba su horario lectivo. La esperé fuera del instituto, lejos de su alcance visual. Seguramente había ido al despacho del director para contarle nuestro contencioso y tirarle de paso los tejos, pero no habría encontrado a nadie. Cuando salió del centro comencé a seguirla.

Caminé varias manzanas tras ella hasta verla entrar en un bloque del centro. El cierre de la portería estaba estropeado, facilitándome esto el acceso al edificio. Cuando entré, ella aún esperaba el ascensor. Se giró para ver quién había entrado. Al verme, obviamente por la sorpresa, el gesto despreciativo desapareció de su rostro. Quizá la sonrisa de loco desatado que mostré en aquel momento hizo que intuyera algo.

-¿Qué hace usted aquí? – preguntó con el rostro contraido de quien no entiende nada.

-Sólo una visita de cortesía, fräulein...

Saqué mi pistola y disparé sobre ella. Resultó maravilloso. Hacerlo me hizo sentir inmensamente feliz. Tras los disparos cayó al suelo. Un charco de sangre comenzó a crecer bajo su cuerpo. Sólo por el placer de contemplar aquella estampa, el crimen ya había valido la pena. Fue un momento sensacional, emocionante e intenso, un nuevo paso en la historia de las actividades extraescolares.
Se acabó el flashback.

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