Tuesday, January 11, 2005

 

2

La única vez que me salpicó la sangre de alguien sin que yo tuviese algo que ver fue hace mucho. A los trece años fui testigo de un suicidio. Vi cómo alguien se arrojaba desde un décimo piso. Al chocar con el asfalto emitió un golpe seco. Su cabeza explotó con el impacto y un par de fragmentos de masa encefálica fueron a parar a mi camisa y parte de mi cara. Antes de que nadie se percatase de lo sucedido, un gato se llevó lo que de la sesera de aquel tío quedaba. Yo, que no quería ser menos, me llevé la cartera ; cogí el dinero y me deshice del resto. Presencié un espectáculo interesante y encima saqué tajada. No me pareció una mala experiencia. De hecho suelo recordar el episodio con algo similar a la nostalgia. El recuerdo desdibujado de mi infancia está repleto de anécdotas como la que acabo de contar.

Comments: Post a Comment

<< Home

This page is powered by Blogger. Isn't yours?